Lo esencial para decidir sin perder tiempo
- En la LOMLOE, la situación de aprendizaje es el formato más alineado con el enfoque competencial y contextualizado.
- La unidad didáctica no desaparece, pero funciona mejor como estructura de organización que como fin en sí misma.
- La diferencia real está en el reto, el contexto, el producto final y la manera de evaluar.
- Si trabajas en aula, una SdA bien diseñada suele ser más clara y más fácil de justificar.
- Si preparas oposiciones o documentos de centro, importa tanto el nombre como la coherencia metodológica que hay detrás.
- En áreas creativas, conviene cerrar la propuesta con una producción visible: cartel, cómic, mural, libro ilustrado o recurso imprimible.
Qué cambia de verdad con la LOMLOE
La gran novedad no es que ahora haya que “hacer más cosas”, sino que el diseño de la enseñanza se mira desde otro ángulo. El BOE, en el Real Decreto 157/2022, sitúa la planificación de las situaciones de aprendizaje como parte del trabajo docente para desarrollar competencias; Educagob las presenta como propuestas que integran elementos curriculares mediante tareas significativas, relevantes y contextualizadas. Eso cambia la lógica de fondo: ya no basta con ordenar contenidos por temas, sino que hay que pensar qué hará el alumnado con lo que aprende.Yo lo resumo así: antes muchas programaciones se organizaban alrededor de un bloque de contenidos y una secuencia de actividades; ahora la pregunta principal es qué reto, problema o producción permite movilizar saberes, habilidades y actitudes de forma visible. No es un giro cosmético. Es un cambio de foco, del “explicar y practicar” al “comprender, aplicar, crear y revisar”. Y con esa idea clara, la diferencia entre ambos formatos se entiende mucho mejor.
Unidad didáctica y situación de aprendizaje no juegan el mismo papel
Yo no las veo como enemigas. De hecho, en muchos casos una unidad didáctica puede contener una o varias situaciones de aprendizaje, o puede redactarse con lógica competencial aunque siga llamándose unidad. La clave es entender qué aporta cada una y no forzar una etiqueta solo por inercia administrativa.| Aspecto | Unidad didáctica | Situación de aprendizaje |
|---|---|---|
| Punto de partida | Suele organizarse desde un bloque de contenidos o una secuencia de saberes. | Parte de un contexto, un reto o una necesidad real o verosímil. |
| Foco | Ayuda a ordenar y progresar en los aprendizajes. | Prioriza la movilización de competencias y la transferencia. |
| Papel del alumnado | Puede quedar más receptivo si se diseña de forma tradicional. | El alumnado actúa, decide, crea, revisa y coopera con más protagonismo. |
| Temporalización | Tiende a ser más lineal y cerrada. | Puede ser flexible y adaptarse al proceso real del aula. |
| Evaluación | Se orienta a comprobar dominio de contenidos y procedimientos. | Se apoya en evidencias, criterios y desempeño en una tarea final. |
| Encaje en creatividad | Sirve para ordenar técnicas o procesos específicos. | Funciona muy bien cuando el aprendizaje termina en una pieza visible o compartible. |
Cuándo conviene usar cada formato en la práctica
En una programación para un centro español, yo tomaría la decisión según el contexto, no por moda. Si la convocatoria o el documento del centro pide “unidad didáctica”, no lucharía contra el término: lo respetaría, pero lo construiría con lógica de situación de aprendizaje. Si el centro ya trabaja con SdA, aprovecharía ese marco sin volver a un enfoque puramente temático.
- Si preparas oposiciones, revisa primero la terminología de la convocatoria. A veces lo importante es el nombre que pide el tribunal, no la filosofía que tú prefieras.
- Si trabajas en aula, la situación de aprendizaje suele resultar más natural cuando el alumnado debe resolver algo concreto, como crear, comunicar, analizar o producir.
- Si enseñas dibujo, artes o creatividad, la SdA encaja muy bien porque convierte una técnica en una acción con sentido: no se trata solo de “dibujar”, sino de dibujar para algo.
- Si el bloque es muy técnico o secuencial, una unidad didáctica puede funcionar mejor como armazón interno, siempre que no abandones el enfoque competencial.
Yo me quedo con una regla simple: cuanto más visible, contextual y transferible sea el aprendizaje, más sentido tiene hablar de situación de aprendizaje. Cuanto más te interese ordenar un recorrido de saberes muy concreto, la unidad didáctica sigue siendo útil como estructura. La forma correcta de elegir se entiende mejor cuando bajas al diseño paso a paso.

Cómo diseñar una propuesta sólida paso a paso
Una situación de aprendizaje no tiene por qué ser compleja para ser buena. De hecho, muchas propuestas fallan porque intentan abarcar demasiado. En mi experiencia, un rango de 4 a 8 sesiones suele funcionar bien para Primaria y para muchas propuestas de ESO; si te vas por encima de 10 o 12 sesiones sin un producto final muy claro, yo dividiría la idea en dos.
- Empieza por un contexto real. El reto debe sonar creíble: mejorar un espacio del aula, comunicar una idea, resolver un problema cercano, crear una pieza para una exposición o diseñar un recurso para otros compañeros.
- Elige pocos elementos curriculares, pero bien alineados. Mejor 2 o 3 criterios de evaluación bien conectados que una lista larga imposible de defender.
- Define un producto final visible. Un cartel, un cómic, un libro ilustrado, una infografía, una exposición o un recurso imprimible funcionan mejor que una actividad sin resultado claro.
- Secuencia tareas de menos a más complejidad. Empieza con exploración y modelado, sigue con práctica guiada y termina con autonomía. Esa progresión es la que da sentido al proceso.
- Incluye DUA de forma realista. El Diseño Universal para el Aprendizaje consiste, en la práctica, en ofrecer varias vías para acceder a la información y para mostrar lo aprendido: oral, visual, escrita, manipulativa o digital.
- Prepara evidencias e instrumentos de evaluación. Una rúbrica y una lista de cotejo suelen bastar si están bien pensadas. No necesitas cinco instrumentos para demostrar rigor.
En una materia creativa, yo evitaría que todo acabe en “haz un dibujo y ya”. Eso se queda corto. Lo interesante es que el dibujo, la maqueta, el collage o el cartel se conviertan en una forma de comunicar, argumentar o resolver algo concreto. Cuando lo planteas así, el aprendizaje deja de ser decorativo y empieza a ser evaluable de verdad.
Ejemplos útiles para dibujo, creatividad y recursos imprimibles
Para una web como Dibucos.es, esta parte es clave: la creatividad funciona mejor cuando se traduce en piezas que se ven, se tocan y se comparten. Una situación de aprendizaje bien pensada en torno al dibujo puede ir mucho más lejos que una ficha aislada, porque permite unir técnica, expresión y propósito.
| Propuesta | Qué trabaja | Por qué funciona | Evidencia final |
|---|---|---|---|
| Cartel de convivencia para el pasillo | Mensaje visual, composición, tipografía y síntesis. | Conecta dibujo y comunicación real dentro del centro. | Cartel impreso y exposición oral breve. |
| Cómic sobre el cuidado del agua | Narración secuenciada, personajes, viñetas y conciencia ambiental. | Convierte un contenido abstracto en una historia cercana. | Mini cómic en papel o formato digital. |
| Álbum ilustrado de emociones | Expresión emocional, vocabulario y representación visual. | Es útil en tutoría, convivencia o educación artística. | Libro artesanal con páginas ilustradas. |
| Exposición de bocetos y autorretratos | Observación, técnica, autoconocimiento y revisión. | Permite comparar procesos y valorar mejoras, no solo resultados. | Galería de trabajos con ficha de autoevaluación. |
Si además quieres apoyarte en recursos imprimibles, yo usaría plantillas muy concretas: una hoja de boceto, un storyboard de 4 o 6 viñetas, una rúbrica visual y una autoevaluación sencilla con escala. Eso reduce la carga cognitiva del alumnado y te ayuda a mantener el foco en lo importante: que el producto final tenga sentido y que el proceso no se convierta en un mero relleno.
Lo que mejor funciona, casi siempre, es que el alumnado produzca algo que otro pueda leer, mirar o usar. Esa es la diferencia entre una tarea que se hace para cumplir y una experiencia que deja huella. Y precisamente ahí aparecen los errores más habituales, que conviene detectar antes de cerrar la propuesta.
Los fallos que más debilitan una propuesta
La mayoría de las SdA flojas no fallan por falta de imaginación, sino por desajuste entre lo que prometen y lo que realmente piden al alumnado. Yo vigilaría especialmente estos puntos:
- Reto decorativo. Si el contexto no obliga a pensar, decidir o crear, la situación se queda en maquillaje pedagógico.
- Demasiados criterios. Cuando intentas cubrirlo todo, no evalúas nada con profundidad.
- Producto final bonito pero vacío. Un mural o un cartel no valen por sí solos si no exigen comprensión, selección y transferencia.
- Actividades sueltas. Hacer una lluvia de ideas, una ficha y una manualidad no convierte automáticamente la secuencia en una buena situación de aprendizaje.
- Evaluación colocada al final y sin recorrido. La evidencia debe aparecer durante todo el proceso, no solo en el último momento.
- Falta de atención a la diversidad. Si todos tienen que hacer exactamente lo mismo y de la misma manera, el diseño es frágil.
Mi criterio práctico es muy simple: si no puedes explicar en una frase qué aprende el alumnado, por qué lo aprende y cómo lo demuestra, la propuesta todavía no está madura. Corregir esos seis fallos suele mejorar más una programación que añadir más páginas o más adornos. Con esa base, la decisión final deja de ser un dilema y se convierte en criterio.
La decisión que yo tomaría en un centro español
Si mañana tuviera que entregar una propuesta, no me obsesionaría con la etiqueta. Usaría situación de aprendizaje cuando quisiera reflejar con claridad un enfoque competencial, contextualizado y observable. Mantendría la expresión unidad didáctica cuando el centro, la convocatoria o la documentación interna la siguieran pidiendo, pero la construiría con la lógica actual: reto, competencias, evidencia y producto final.
- Un contexto real y cercano al alumnado.
- Un producto final visible, útil o compartible.
- Pocos criterios, bien seleccionados.
- Una evaluación sencilla, clara y coherente.
En un portal centrado en dibujo y creatividad, este enfoque encaja especialmente bien, porque convierte cada propuesta en algo que se puede ver, compartir y valorar sin artificio. Si el aprendizaje termina en un cartel, un cuaderno ilustrado, una lámina o un recurso imprimible, la idea cobra forma y deja de ser una plantilla más.