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Situaciones de aprendizaje Infantil - Guía LOMLOE y creatividad

Laia Zamora

Laia Zamora

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2 de abril de 2026

Ilustraciones de situaciones de aprendizaje en infantil, con docentes y alumnos interactuando.
En Educación Infantil, una buena propuesta no nace de una ficha aislada, sino de un contexto que invita a explorar, hablar, dibujar, moverse y resolver algo con sentido. Las situaciones de aprendizaje en infantil encajan justo ahí: convierten intereses reales del aula en experiencias globalizadas, coherentes con la LOMLOE y adaptadas al ritmo de cada niño y niña. En este artículo voy a aclarar qué son, cómo se diseñan, qué errores conviene evitar y qué recursos creativos ayudan de verdad cuando trabajas con cuentos, trazos y materiales imprimibles.

Lo esencial para orientar una propuesta de Infantil sin perder el foco

  • La LOMLOE pide propuestas globalizadas, significativas y estimulantes, no actividades sueltas sin hilo.
  • Una buena situación parte de un reto claro y conecta varias áreas de la etapa.
  • En Infantil, el juego, la manipulación, el dibujo y el lenguaje oral son vías naturales de aprendizaje.
  • Los recursos imprimibles ayudan cuando apoyan la experiencia; estorban cuando sustituyen la exploración.
  • La evaluación debe basarse en observación, evidencias de proceso y progresos pequeños pero reales.

Qué cambia con la LOMLOE en Educación Infantil

Si hay una idea que yo dejaría clara desde el principio, es esta: en esta etapa no se trata de “añadir metodología”, sino de organizar mejor la experiencia de aprendizaje. El BOE deja muy claro que Infantil se construye sobre propuestas globales, significativas y estimulantes, con juego, experimentación y respeto a los ritmos de cada niño y niña. Eso cambia bastante la manera de programar, porque obliga a pensar menos en contenidos aislados y más en contextos que unan lenguaje, movimiento, pensamiento y expresión.

La etapa se articula en tres áreas -Crecimiento en armonía, Descubrimiento y exploración del entorno, y Comunicación y representación de la realidad- y no como compartimentos cerrados. En la práctica, eso significa que una propuesta bien hecha puede empezar con un cuento, pasar por un juego manipulativo, terminar en un dibujo colectivo y, aun así, tener coherencia curricular. Yo no llamaría situación de aprendizaje a una secuencia de fichas unidas por un tema decorativo; para mí, si no hay reto, interacción y sentido, todavía no hemos llegado ahí.

Formato Qué lo define Ventaja Riesgo
Actividad aislada Una propuesta puntual con un objetivo único Es rápida de preparar Puede quedarse sin conexión con el resto del aprendizaje
Unidad didáctica tradicional Una secuencia ordenada por contenidos Ayuda a estructurar el trabajo A veces prioriza la explicación sobre la experiencia
Situación de aprendizaje Un reto contextualizado que moviliza varias áreas Da sentido y permite integrar juego, lenguaje y creatividad Exige más precisión al diseñar objetivos y evidencias

En Infantil, además, no todo ocurre en el momento “actividad”. La jornada completa tiene valor educativo: la asamblea, el rincón de juego, la recogida de materiales o una conversación espontánea también forman parte del proceso. Y eso, bien trabajado, abre un margen enorme para propuestas más vivas y menos mecánicas. Con esa base clara, el siguiente paso es diseñar una situación que de verdad funcione en el aula.

Cómo diseño una propuesta que no se quede en una actividad suelta

Yo suelo empezar por una pregunta muy simple: ¿qué reto real va a resolver el grupo? Si no puedo contestarla en una frase clara, la propuesta todavía está verde. En Infantil, el reto no tiene que sonar “adulto” ni técnico; basta con que sea comprensible, atractivo y suficientemente abierto para que los niños actúen, decidan y representen lo que van descubriendo.

  1. Detecto un interés auténtico: un cuento que engancha, una observación del entorno, una curiosidad sobre los colores, una situación cotidiana del aula.
  2. Formulo un reto concreto: por ejemplo, crear un mural para contar lo que hemos visto, ordenar imágenes para explicar una historia o diseñar un cartel para una ruta del aula.
  3. Elijo pocas metas, pero bien conectadas: prefiero tres ideas bien enlazadas a diez objetivos que luego no se ven en la práctica.
  4. Decido cómo van a actuar los niños: manipular, clasificar, dibujar, explicar, construir, dramatizar, comparar o consensuar.
  5. Preparo materiales y agrupamientos: individual, pequeño grupo y gran grupo, porque no todo se aprende igual ni al mismo ritmo.
  6. Pienso desde el principio cómo observaré el avance: no al final, no “si sobra tiempo”, sino como parte natural de la propuesta.

Un detalle importante: el reto tiene que ser proporcional a la edad y al desarrollo del grupo. Si lo que pido se resuelve en cinco minutos, suele quedarse corto. Si necesita una explicación demasiado larga, probablemente estoy forzando el nivel. A mí me funciona muy bien redactar la propuesta como si fuera una historia breve: “queremos descubrir”, “necesitamos comunicar”, “vamos a construir”, “tenemos que resolver”. Ese tono ayuda a que la actividad tenga dirección sin perder juego. Y cuando esa dirección está clara, ya tiene sentido pasar a ejemplos más concretos.

Un cocodrilo verde con

Ejemplos creativos para dibujo, cuento y exploración sensorial

En una web como Dibucos.es, yo aprovecharía mucho las propuestas que unen imagen, relato y creación manual, porque son las que mejor se adaptan a Infantil sin caer en la repetición vacía. No hace falta complicarlo todo para que funcione; hace falta que cada paso tenga una intención pedagógica clara.

Un cuento ilustrado que crece con el grupo

Parto de un cuento breve o de una narración conocida y dejo que el grupo reconstruya escenas con dibujos, tarjetas o pequeños elementos manipulables. Esta propuesta trabaja lenguaje oral, secuenciación, memoria y representación gráfica. Lo interesante no es solo “hacer un dibujo bonito”, sino decidir qué escena contar, qué personaje aparece primero y cómo se entiende la historia sin necesidad de leerla completa.

El museo de colores del aula

Aquí el foco está en observar el entorno, clasificar objetos por tonalidades y crear pequeñas obras con gamas muy concretas. Puede parecer una actividad sencilla, pero da mucho juego: vocabulario, comparación visual, expresión de emociones y pensamiento lógico. Yo la veo especialmente útil cuando el grupo necesita aprender a mirar con más atención y a verbalizar diferencias pequeñas, porque obliga a detenerse, elegir y justificar.

Trazos, huellas y texturas

Esta es una de mis favoritas cuando quiero unir creatividad y motricidad fina. Se trabaja con esponjas, rodillos, hojas, hilos, sellos, lápices de distinta punta o materiales naturales. El objetivo no es copiar un modelo, sino explorar qué huella deja cada material y cómo se puede usar para comunicar una idea. Aquí la parte artística y la parte sensorial se encuentran de forma muy natural.

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Mi barrio en un mural compartido

Los niños observan espacios cercanos, reconocen referencias del entorno y luego construyen un mural colectivo con casas, comercios, señales, caminos o puntos de interés. Esta propuesta conecta entorno, lenguaje y representación visual, y además funciona muy bien para trabajar convivencia, acuerdos y organización del trabajo en grupo. Lo que me parece más valioso es que cada aportación individual termina formando una imagen común, algo que en Infantil tiene muchísimo sentido.

El INTEF, además, mantiene una colección abierta de materiales de este tipo para Educación Infantil. Yo la usaría como referencia para ver formatos reales y posibilidades de adaptación, no como una plantilla rígida que copiar sin más. Ahí está la diferencia entre inspirarse y mecanizar la propuesta. Si el ejemplo ayuda a entender la estructura, perfecto; si solo añade ruido, sobra.

Qué recursos imprimibles sí aportan valor

Los imprimibles pueden ser muy útiles en esta etapa, pero solo cuando cumplen una función clara. A mí me interesa todo aquello que ayude a mirar, ordenar, comunicar o recordar; no me interesa imprimir por imprimir. En Infantil, una buena plantilla es la que reduce carga innecesaria y deja espacio para la acción real.

Recurso imprimible Para qué sirve Cuándo funciona mejor Qué evitar
Tarjetas visuales Apoyar vocabulario, secuencias y rutinas En asambleas, cuentos y recordatorios de pasos Usarlas como sustituto de la experiencia
Plantillas de mural Organizar una producción colectiva Cuando el grupo necesita un marco común Convertirlas en una ficha gigante para colorear
Minilibros o desplegables Recoger lo aprendido de forma sencilla Después de explorar, conversar o dramatizar Pedirlos antes de que exista contenido que narrar
Tarjetas de clasificación Comparar, agrupar, ordenar y justificar En propuestas de colores, formas, tamaños o texturas Hacerlas demasiado complejas para la edad
Registros de observación Documentar evidencias del proceso Cuando quiero seguir el progreso sin interrumpir Usarlos como control excesivo de cada gesto

Si tengo que elegir, me quedo con recursos que ayuden a pensar y a comunicar. Un mural, una secuencia de imágenes o una tarjeta de elección valen más que una ficha recargada si de verdad sostienen la experiencia. En cambio, cuando el imprimible se convierte en la actividad principal y el cuerpo apenas participa, la propuesta pierde fuerza. Y ahí es donde suelen aparecer los errores más repetidos.

Errores frecuentes que debilitan la propuesta

Hay fallos que se repiten mucho, y no porque falte buena intención, sino porque a veces confundimos “tener una idea” con “tener una situación de aprendizaje”. Yo los veo sobre todo cuando la propuesta se construye demasiado deprisa o cuando se intenta justificar todo con una estética bonita.

  • Confundir tema con reto: hablar de los animales, la familia o el otoño no basta si no hay una acción con sentido que resolver.
  • Sobrellenar de objetivos: cuando todo importa, al final nada se ve con claridad.
  • Depender demasiado de la ficha final: en Infantil, el proceso pesa más que un producto perfecto.
  • Olvidar la inclusión: si solo hay una manera de participar, muchos niños quedan fuera desde el diseño.
  • Separar áreas que deberían dialogar: si dibujo, lenguaje, motricidad y exploración van por caminos distintos, la propuesta pierde coherencia.
  • Protagonismo excesivo del adulto: cuando el docente lo hace casi todo, el aprendizaje se vuelve decorativo.

Mi criterio es bastante simple: si un niño no puede elegir algo, transformar algo o explicar algo con sus propias palabras, la situación probablemente está demasiado cerrada. Y si la actividad solo sirve para “entregar una ficha”, yo me replantearía el diseño. Eso también tiene una consecuencia directa en la evaluación, porque no se puede valorar bien lo que apenas se ha dejado vivir.

Cómo evalúo sin romper el clima de juego

En esta etapa, la evaluación no debería sentirse como un alto en el camino, sino como una lectura continua de lo que va ocurriendo. La normativa la plantea como global, continua y formativa, y esa idea encaja muy bien con una observación atenta y sistemática. Yo no necesito sacar al grupo de la experiencia para evaluar; al contrario, cuanto más natural sea el contexto, más valiosa suele ser la evidencia que recojo.

Me funciona observar cuatro cosas: qué hace el niño, qué dice, cómo elige y cómo se relaciona con el resto. A partir de ahí, tomo notas breves, guardo fotografías de proceso, recojo producciones significativas y, cuando procede, dejo pequeñas evidencias orales o gráficas. No busco una acumulación de papeles, sino una imagen bastante fiel de cómo progresa cada uno.

  • Observación directa: me permite ver si comprende la tarea, si participa y si necesita apoyo.
  • Anotaciones breves: sirven para no perder detalles importantes que luego se olvidan.
  • Producciones plásticas: muestran decisiones, trazos, organización espacial y evolución de la expresión.
  • Explicaciones orales: a veces valen más que el resultado final, porque revelan el pensamiento del niño.
  • Pequeñas autoevaluaciones: con caritas, gestos o pictogramas, cuando el grupo ya puede usarlas con sentido.

Lo que más me importa aquí no es “si salió bien”, sino qué ha pasado mientras salía. En Infantil, ese matiz cambia mucho la manera de mirar el aprendizaje. Cuando una propuesta está bien pensada, la evaluación deja de ser un trámite y se convierte en una herramienta real para ajustar ritmos, apoyos y siguientes pasos. Y para que eso ocurra sin demasiada fricción, conviene dejarlo todo bastante preparado antes de entrar al aula.

Lo que dejaría preparado antes de llevarla al aula

Antes de poner en marcha una propuesta, yo revisaría siempre seis cosas. No son muchas, pero marcan la diferencia entre una sesión improvisada y una experiencia que realmente sostiene el aprendizaje.

  • Un reto formulado en una sola frase y comprensible para la edad del grupo.
  • Dos o tres materiales principales, no una mesa llena de opciones que distraen.
  • Un modo claro de agrupar al alumnado según el momento de la propuesta.
  • Una adaptación para diferentes ritmos, capacidades o formas de participación.
  • Una evidencia concreta que me ayude a observar sin interrumpir el juego.
  • Un cierre verbal o gráfico para que el grupo explique qué ha hecho y qué ha descubierto.

Si cuido esos seis puntos, la propuesta gana claridad sin perder flexibilidad. Y eso, en Infantil, vale mucho más que intentar hacerlo todo a la vez. Una buena situación de aprendizaje no impresiona por la cantidad de recursos, sino por la calidad de la experiencia que genera: niños que observan, prueban, hablan, crean y reconocen que lo que hacen tiene sentido.

Preguntas frecuentes

Son propuestas globalizadas y significativas que parten de un reto real del aula, integrando diversas áreas de desarrollo. Fomentan la exploración, el juego y la creatividad, adaptándose al ritmo de cada niño y niña.
A diferencia de una actividad puntual o una unidad por contenidos, la situación de aprendizaje se basa en un reto contextualizado. Moviliza varias áreas simultáneamente, dando sentido al aprendizaje a través del juego, el lenguaje y la creatividad.
Evita confundir tema con reto, sobrecargar de objetivos, depender de fichas finales, olvidar la inclusión, separar áreas de conocimiento y un protagonismo excesivo del adulto. El proceso y la participación infantil son clave.
Son útiles aquellos que apoyan la experiencia, como tarjetas visuales para vocabulario, plantillas de mural para organizar ideas, minilibros para recoger lo aprendido o tarjetas de clasificación. Deben complementar, no sustituir, la exploración activa.
La evaluación debe ser continua, global y formativa. Se basa en la observación directa, anotaciones breves, producciones plásticas, explicaciones orales y pequeñas autoevaluaciones con pictogramas. Busca evidencias del proceso y el progreso individual.

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Autor Laia Zamora
Laia Zamora
Me llamo Laia Zamora y tengo 10 años de experiencia en el mundo del dibujo, la creatividad y la creación de recursos imprimibles. Desde pequeña, siempre he sentido una profunda conexión con el arte y la expresión visual, lo que me llevó a explorar diferentes técnicas y estilos a lo largo de los años. Me encanta compartir mis conocimientos y ayudar a otros a descubrir su propia creatividad, ya sea a través de tutoriales, consejos prácticos o recursos que faciliten el aprendizaje. En mi trabajo, me esfuerzo por ofrecer información útil, precisa y actualizada. Me gusta investigar y comparar diferentes enfoques para simplificar temas complejos, haciendo que el arte y la creatividad sean accesibles para todos. Espero que mis contribuciones en dibucos.es inspiren a otros a expresar su imaginación y a disfrutar del proceso creativo tanto como yo.

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